Llámame masoquista pero, ¿de qué sirve ir a buscarte sin
saber si cuando llegue tu estarás esperando a otra? Otra. Es como una hostia
con toda la mano abierta y los ojos cerrados. Mientras tanto me gusta enredarme
en tus piernas y perderme en tus brazos. Siempre fuiste mi punto débil, mi
talón de Aquiles y yo siempre tan insegura. Ya cansada de andar descalza por la
realidad de la vida esperando a que alguien derrumbe mi felicidad. Sin saber
cuando va a llegar. Así que nada te prepara para el daño. Yo sólo pienso si
podré sobrevivir a la caída de perderte.